Aquí estoy.
Aquí me encuentro, hundido en este espeso cenagal, inmovilizante, preso de mi
inanimada vida. Siempre esperando que la suerte se acerque a mi alargada
lengua, único musculo capaz de moverse hacia donde mi pereza corporal, no puede
o no quiere llegar.
No sé si me
hice o nací, en esta naturaleza Kafkiana que no me incentiva a luchar ágilmente
por mi cotidiano porvenir. Seguramente provengo de gráciles batracios,
saltadores y nadadores en fluidos de libertad, y alguna contrariedad congénita
o adquirida, me dio lugar a esta atascada vivencia en la que solo espero,
perezosamente, esforzándome pasivamente con impaciencias secretoras de efluvios
de cinismo irresponsable, que no camina hacia ningún lado.
A lo mejor,
si me atreviera a salir de este barro en el que voluntariamente me escondo, y
pudiera limpiar mi falta de voluntad en alguna clara fuente de libertad, se me
cambiara este rasposo aspecto que al mundo le impide comprenderme, y a lo
mejor, sin tener que saltar demasiado, pudiera vivir como un normal anfibio,
capaz de caminar en esta vida de asfalto y horarios obligatorios, alternando en
escapadas a vocacionales charcas de mi deseado hábitat natural.
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