LO HE LEIDO, LO HE SOÑADO, LO HE VIVIDO..., YA NO LO RECUERDO, QUE MÁS DA.

jueves, 21 de noviembre de 2019

Crisálidas



                                           


 Los pequeños ojos de Pablillo, se resistían a abrirse una vez más, temiendo encontrarse con su habitual mundo exterior: un plomizo e invernal campo de batalla, superpoblado por procesionarias multitudes, inconscientemente guiadas hacia no sé qué metas de máximo consumo.

Él nunca quiso formar parte de aquella competitiva turba, a la que no le importaba reptar para conseguir su engorde. Por eso anhelaba las horas de la noche, en la que siempre buscaba un mundo hecho a su imagen.

Cuando llegaba a su humilde hogar, una cálida voz, siempre repetía su insistente cantinela:
 --¡tienes que comer para crecer, hijo mío, que estás muy delgado!--
Entonces  Pablillo, comía, poco pero comía, para pasar cuanto antes a su deseada estancia. A la que tenía acceso a través de un sencillo encantamiento; el producido por  el beso de su hada madrina, el cual pronto lo trasportaba a ese mundo que él creía,  más suyo. En él veía un paisaje un poco más limpio, aunque su espesa niebla hacia casi imperceptible cualquier nitidez; y lo peor, es que aquí, Pablillo, descubrió que era una pequeña oruga, eso sí, muy brillante y saltarina; la cual sentía un gran apetito por las sabrosas hojitas, tan abundantes y nutritivas para el crecimiento.

Así Pablillo, fue creciendo y creciendo en poderes sensoriales, hasta que su contrariado interior provocó su máxima intranquilidad. No entendía por qué, esas noches pasaron a ser tormentosas pesadillas repletas de preguntas, que él no sabía contestarse.
 Por eso volvió a vivir nuevamente los días, buscando repuestas fuera de su larvada impotencia.

En sus largos paseos, Pablillo, observaba todos los detalles que pudieran dale pistas para desenredar su enmarañada incertidumbre; sintiéndose ahora, como semejante componente de un amplio fractal de seres, solitarios y meditabundos, con sus amorfas cabezas, semejantes a interrogantes crisálidas, que solo trasmitían una contaminante lluvia acida, saturada de porqués, cuyas respuestas no habían encontrado todavía una tierra apropiada para germinar.

 Y Pablillo, volvió a la noche y al día. Y el tiempo pasó en espacios de silencios y colirios. Hasta que una noche, de las suyas, observó que su aletargada ninfa, empezaba a removerse dentro de sí misma, al percibir los aromas de cercanas flores, las cuales despertaron un nuevo apetito, que lo incitaba a acercarse y saborear con amorosa admiración, a cada una de las florecidas existencias que ahora observaba en su bello jardín interior.
  Un dulce beso con olor a pasiflora, lo sacó de aquel profundo trance a un despejado día lleno de luz y color, percibiendo un gozoso deseo de sentir y admirar la hermosa vida exterior que seguro presentía.

 Al salir, respiró con voluptuoso placer, aquel aire que sentía que formaba parte de su más profunda ilusión; pues observaba desde su flotante postura, que aquel largo invierno de su pasado, se había vestido, de una primavera nunca vista anteriormente por él. Todo revoloteaba felizmente a su alrededor. Las personas que se cruzaban con él, lo saludaban afectuosamente, regalándole agradecidas sonrisas a su nueva forma de mirar.
El mundo era como una gigantesca mariposa multicolor, sobre la que él ahora volaba, felizmente identificado.

 Entonces Pablillo, se dio cuenta que estaba, soñando despierto, aunque se dijo, seguro de sí mismo; “que de su verdad, él era el legítimo dueño”.

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Al principio yo volaba
y veía desde lejos
solo lo que me inventaba:
fantasías de colores y personajes de cuento,
hadas, momos y dragones,
además de fuertes héroes
que al final siempre ganaban.

Después seguí aterrizando
a una visión diferente,
aunque seguía imaginada
por la poseedora mente
que prejuzga sin dejar
que la auténtica verdad
se nos muestre libremente.

De esta forma me creé
un mundo distorsionado
digno de desprecio y odio,
lleno de seres malvados
que lo dominaban todo.

Más ahora vida mía
que estoy viendo claramente
que cuanto más te conozco,
por verte yo diferente,
te estoy viendo más real,
libre de mi fantasía.

En tu visión reconozco
mi aterrizaje final,
pues solo veré reales
a los seres de este mundo,
si despojado de alas,
temerosas de verdad,
con humilde pretensión
voy conociendo sus vidas
con cercana admiración.

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Quiero atrapar la realidad, cual mariposa inquieta,
que no me deja definirle sus mágicas verdades.
Pues veo en su existencia un parpadeo;
de es, y no es; de es y no es; de es y no es;
siempre diferente e incomprensible.
Y mi intención se rinde a imaginar,
que a lo mejor no haya una realidad,
de simpleza acorde con mi simpleza,
sino, múltiple y diversa,
dispuesta a ser observada, tan solo,
por una multitud de infinitos ojos.

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