LO HE LEIDO, LO HE SOÑADO, LO HE VIVIDO..., YA NO LO RECUERDO, QUE MÁS DA.

domingo, 4 de junio de 2017

¿Quién soy?




 ¿Quién soy? Siempre me pregunte,
desconfiado de identificarme:
con un lugar de nacimiento que siempre extrañe ; con una fecha del tiempo, relativo, al que nunca sentí que pertenecía; o una religión o ideología, si a ninguna pertenezco.
Y buscando identidad, no tuve por menos que encontrarte a ti, en quien sin duda me encontré.
Porque yo no era nadie hasta que tú me diste nombre.
Me llamaste Manolo y niño, y yo me reconocí en tus llamadas.
Me dijiste que no era tan bueno ni tan malo, y empecé a creerme, no tan bueno ni tan malo, pero si más auténtico.
"Anímate a nacer" me dijiste desde tu angelical existencia, que yo iré en tu ayuda. No dejes de buscarme, me reconocerás por mi sonrisa.
Y después no tuve duda, pronto supe que eras tú. La que me dijiste: sígueme y no te quedes parado. Que no te rinda el camino que hay que sentirlo y vivirlo.
Dame la mano y no te quedes atrás que la vida es movimiento hacia el maravilloso baile que vibra con alas de plenitud.
"Anda" que estamos de paso,
hacia un destino que siempre será camino, con paisajes infinitos por mirar.
Y yo, sin pensarlo, te sigo, detrás de la voz que me da nombre, detrás del corazón que marca mis pasos y de la ilusión que tiene sentido para mí.
Eres mi guía, mi felicidad y mi climatología.
Pues soy feliz con la felicidad que tú eres feliz.
Me iluminan tus amaneceres soleados y me riegan tus refrescantes sonrisas de primavera.
Aunque también, a veces, recibo tus pedriscos y tormentas, siempre pasajeras.
Es mi identidad tan dependiente de la tuya, que en tu autoestima me valoro y en tus complejos me deprimo, en tu luz me defino y en tus nieblas me difumino.
Soy la cruz de tu cara, el reverso de tu realidad, la sombra que siempre seguirá tu presencia, arrastrándome bajo tus pies como una alfombra que sigue tus pasos, por ser devoto origen de tu denominación.

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viernes, 2 de junio de 2017

Discurso politico actual




                           DISCURSO     POLITICO      ACTUAL 

Teniendo en cuenta que el discurso político actual, seguramente  no varía en intención, del que se hacía en el pasado, modernamente a causa de la mayor cultura del receptivo pueblo, un poco más difícil de convencer. Los súper-aconsejados  políticos de ahora; arropados por las modernas técnicas de imagen, escenificación, iluminación y tantos adelantos a su disposición, además de sus elaborados discursos, estudiados y escritos por preparados expertos; disponen de un poder para convencer a cualquier público que se crea inteligente.
Para esto, emplean sus técnicas más refinadas y preparadas, como la de entremezclar mensajes de irrevocable certeza con otros que contienen subliminares intenciones para manipular a las devotas mentes, adoradoras de sus retoricas verborreas.
Es curioso que políticos de claro antagonismo ideológico, empleen casi el mismo discurso, sobre los derechos de las personas, de las familias o del país; así como de la libertad, de la justicia o del sentido común. Parece que todos son del mismo partido. Y esto parece que sea verdad. “Todos son del mismo partido”; “el de los políticos”. Una panda de vendedores del convencimiento, de que sin ellos la vida social es imposible.
 Así adoctrinan a un pueblo que teniendo  normalmente  los mismos intereses, les promueven unas divisiones ideológicas  tan diferenciadas, para que necesiten, una multitud de representantes de sus enfrentadas opiniones.
Por este motivo, los modernos discursos políticos, tanto en los parlamentos como fuera de ellos, teatralizan unos enfrentamientos a veces insultantes, que aparentan una total enemistad entre sus objetivos políticos. Engañosa verdad que no cumplen a la hora de legislar leyes favorables para la clase media y baja, a las que no deben subvencionadas obediencias.
No es extraño verlos en sus lujosas comidas relacionándose muy amigablemente, se ve que son colegas. Lo mismo ocurre cuando participan en organismos públicos donde pueden obtener secretas ganancias, ya sea en forma de negras tarjetas o comisiones que aceptan sin ponerles ideológicas pegas. Se ve que sus cacareadas ideologías, son mentira. Se puede decir sin lugar a duda que al dócil obrero que cumple con su obligación honradamente, no lo defiende nadie; más bien es usado como materia prima, a la que no debe cambiarle su penosa situación, para que siga siendo la productiva cantera de las ganancias de los políticos que dicen defenderlo.
Fundamentada opinión basada en la observación de que  nunca se les ocurre votar en contra de sus jugosos honorarios y prebendas, tan claramente abusivas. Ya que disponen de coches oficiales usables para todo, escoltas que los acompañan hasta para ir de juerga, además de dietas para múltiples gastos, tarjetas bancarias, teléfonos móviles y muchos de ellos; viviendas sin gastos de ningún tipo
 Pues son, casi todos, interesados  mediadores entre el soberbio poder capitalista y el manipulado pueblo, al que ellos saben muy bien manejar, procurando expulsar de sus controladas filas a cualquier intruso que pretenda emplear sinceras intenciones, para así usar su estratégico  poder que los beneficia con tantas libertades para cobrar en  muchos cargos sin trabajar en ninguno. Al igual que nunca proponen quitarse sus aforamientos, ni disminuir su exagerada cantidad, de la que seguramente sobra mucho más de la mitad. No proponen dejar de intervenir en el poder judicial ni gubernativo, eligiendo representantes de su manipulante confianza en el “Tribunal Constitucional”, “Consejo del Poder Judicial”, “Fiscales Generales”, como también en los nombramientos de secretarios generales, delegados, subdelegados, direcciones de la policía y guardia civil, y a sus jefes superiores; los cuales tienen a la vez poder para elegir sus respectivos equipos de poder.
Es por todo esto y mucho más, por lo que se puede tener una clara certeza de que los actuales discursos políticos, tan llenos de manidas y engañosas promesas y de voceadas razones que emiten con sofisticadas técnicas,  solo son como decorativas guirnaldas con las que nos convencen, adornando  nuestras sumisas testas, para que seamos mansos bueyes que tiren de sus lujosas  carrozas.
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jueves, 25 de mayo de 2017

El cuadro





                                                             
 Sus ojos somnolientos, al fin decidieron abrirse.  Por las rendijas de la ventana una cenicienta claridad iluminaba levemente el pequeño cuarto. Ya era hora de levantarse, pensó. Fuera se sentían los habituales ruidos del laborioso ajetreo de los mayores.
 Se puso la escasa ropa que el cálido clima le pedía; apenas una camisa raída por el uso y un pantaloncito corto, por algunas partes, deshilachado. Pasando seguidamente a mojarse  ligeramente  los ojos en una zafa con agua, un poco jabonosa y pasarse por su rapado pelo, una vieja lendrera, tan eficaz contra ciertos habituales parásitos.
  Al salir a la habitación principal, varias voces lo recibieron con cariñosa recepción.

--¡Hola Pedrito! ¡Ya era hora!—Comentó su tio, Juan, destacándose sobre los demás.
  
 Pronto pudo desayunar su tazón de leche de cabra con pan migado, el cual engulló con sonoros sorbetones.

--Come tranquilo, niño, que te va a sentar mal.—Le advirtió su preocupada abuela, Antonia, que era muy cariñosa con él.
  
 No esperó mucho, con el último bocado  se dispuso a salir fuera, con demasiada rapidez, ya que la deslumbrante luz de la mañana le obligó un momento a cerrar los ojos.

 El paisaje tan conocido por él, cada mañana le parecía nuevo: un alargado  valle, surcado  por un humilde riachuelo, el cual en casi toda su longitud estaba cubierto de espesa vegetación entre la que destacaba: el zarzal, el chopo y la mimbre.
  La  fértil vega era un mosaico de variados colores, predominando sobre todos, el verde, procedente de jugosas hortalizas que parecían sembradas en renglones de color y de sabor. Todo el horizonte  estaba  rodeado de montañas de mediana altura, en las que se alternaban cultivos de secano, barbechos, y grandes extensiones de bosque de encina y quejigo.
   Desde la humilde casita situada sobre un montículo, podía observarse
toda aquella maravillosa naturaleza, que para los ojos del niño tomaba aspectos de encantada fantasía.
  El sencillo habitáculo, era tosco y sencillo, aunque disponía de todo lo necesario para la vida rural;  algunas habitaciones asignadas a vivienda para  las personas y otros compartimentos dedicados para usos diversos como: atrojes, cuadras, corrales, cochineras  y gallineros, los cuales eran fácilmente reconocibles por su olor.
  Mientras que el niño, un poco extasiado, miraba y aspiraba la aromática belleza que lo envolvía, la conocida voz de su severo abuelo, sonó autoritariamente a su espalda.

--A ver, Pedrito, ¿es que se te han olvidado tus tareas?
  
 No se le habían olvidado, sabía que tenía que sacar la cabra, por lo que se puso a la faena; amarró por el cuello a la ordeñada cabra, con el largo cordel que estaba asignado para ella, y la sacó del corral  en el que estaba acompañada de su pequeña cría, la cual les siguió obedientemente en libertad. Cuando se encontraba en un cercano barbecho, se dispuso a amarrarla a un elástico matojo de juncos, con el mañoso nudo que con tan sabia habilidad le había enseñado su tío, Juan. Mientras tanto, la chotilla, correteaba y saltaba con jubiloso desenfreno, bastante más interesada en el juego que en la apetitosa hierva que le rodeaba. Porque Pedrito sabía bien los lugares de careo, ya que cada día las cambiaba a zonas de barbecho donde abundara  la carihuela, la amapola y la cerraja.
  
  Después de terminada su breve obligación, aprovechó su dilatado tiempo en practicar sus juegos preferidos. Visitó, uno por uno, todos los nidos de diversos pajarillos que tenía disimuladamente señalados, para ver si los huevecitos habían eclosionado, y si así era, para poder ver como las pequeñas crías abrían desmesuradamente sus picos al imitar el sonido de sus padres. También recorrió la cristalina acequia que desde el rio recorría  la vega, donde casi siempre encontraba algunos cangrejos, que tan exquisitos sabían asados en las brasas.
   
  Allí no había niños con quien jugar, aunque a él no le importaba, pues se había acostumbrado a inventarse sus propias distracciones, sobre todo la que más le gustaba; que era la de mirar, oler y tocar: la tierra, las plantas y los pequeños animales, que tan abundantemente lo acompañaban.
  La tierra olía a maternidad, a veces húmeda; sencilla de manejar se dejaba acariciar, dispuesta a ser usada para cualquier juego. Las plantan lucían sus colores de juventud o de madurez, moviendo al paso sus flexibles tallos a modo de saludo. Mientras que los pájaros: ruiseñores, totovías, cucos o palomas torcales, alababan con sus cantos la belleza que solo ellos podían ver.
   Sentado o caminando lentamente por aquellos solitarios parajes, se dedicaba, en silencio, a absorber todo aquel celestial universo natural que lo rodeaba, y que junto al susurrante sonido del suave viento sobre las bamboleantes  hojas de los árboles; pronto lo llevaban a un estado de relajada plenitud. Desde el que sentía; que todo lo que le rodeaba era de su misma naturaleza, de su misma esencia, de su misma identidad. Todo lo que le rodeaba era él mismo, diversificado en la variedad de lo creado y sentido. Al acariciar las plantas o los animales, podía sentir que todos eran prolongaciones íntimas de su expandible ser.

 En este trance de conexión espiritual, que él, en aquel tiempo no cuestionaba; podía sentir que todo le hablaba. Escuchaba sus dulces historias con placida atención; soñando con los ojos abiertos; y deseando que aquellos aislados momentos, no acabaran nunca.
  Aquella casa, aquellos campos, aquella naturaleza, eran los apropiados para que el niño Pedrito fuera tan fantásticamente feliz. Aunque el tiempo lo cambia casi todo.

  De pronto, a mis ojos, se les cambió el sentido de su dirección. Se invirtió la mágica visión interior, para volver a  la exterior realidad; a  la del cuadro. Ese cuadro que con tanta fidelidad me ha hecho recordar mi lejano pasado. Porque yo fui aquel niño, aquel niño feliz e imaginativo que tan lejanamente se encuentra en mi memoria.
  Seguramente la policromía de aquel  mirar, se fue desgastando con el tiempo, porque ahora solo me queda  una visión, que no pasa de ver, una escasa variedad de grises. La preocupación constate por los problemas de la vida, no me dejan tiempo para admirar aquellas pequeñas cosas que tanto me gustaban. Y cuando intento entrar en aquel  dulce éxtasis de mi infancia, ahora, me duermo.                                                                                      
 Todo ha cambiado. Tan solo en los profundos  recuerdos, me puedo aproximar un poco, a aquellas sensaciones de mi infancia. Aunque siempre necesito un especial vehículo que me lleve; como un buen libro, una melodiosa música, o un bello cuadro, como este, que me ha trasportado tan vivamente a mi pasado. Pues todo en él, es bastante parecido a mis recuerdos:   La casa solariega con varios compartimentos y rodeada de copiosa arboleda; el llano con sus colores entre verdes y amarillos, propios del verano; y las lejanas montañas que más bien parecieran  sagradas alturas, inasequibles para cualquier pié humano.

  Un cuadro-ventana con vistas  adentro, desde el que he podido  viajar en el tiempo, en ese gozoso viaje de ida, que sufro al regreso; por la gran nostalgia que siente este viejo, del niño que fui en lejano tiempo; aunque mi esperanza, tiene un nuevo aliento; porque si en mis hondos profundos adentros, a ese niño encuentro, es porque sin duda, todavía lo tengo.


Producción, producción,




Producción, producción,
crecimiento, explotación.
Que el bruto del PIB
no pare de subir la rentabilidad de los inversores,
a costa de la miserable ganancia de los esclavos que elevan
la pesada piedra capitalista,
por encima de sus sufridas posibilidades.
Crecer, crecer, en intereses
de los especuladores, y no en mejoras de la humanidad
que extrae riquezas de todos los recursos;
agrícolas, industriales, energéticos, o minerales,
para poder medio comer.
"Que extraño que todos los que verdaderamente trabajan, sean pobres".
"Y que nadie me diga lo contrario, porque no lo voy a creer".
Que distinto seria que la mayor inversión estuviera encauzada
hacia el ser humano, hacia su bienestar, hacia una igualdad sobre el derecho a ser medianamente felices,
hacia una humanidad, humanizada, con suficientes neuronas espejo
capaces de sentir empatía por las familias e hijos ajenos.
Una humanidad enfocada hacia sí misma que invierta todo su crecimiento en los valores que no sean patrimonio del poder capitalista,
sino de una feliz y justa convivencia.

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“cultura con minúscula”.
“cultura de las entrañas y los corazones”,
heredada a través de epigenéticas sin titulo
que enredan meticulosas combinaciones neuronales,
basadas en la laboriosidad.
“cultura del pueblo llano”,
no apta para editoriales de papel,
trasmitida a través de generaciones de controlada categoría,
por otra Cultura de impostora  nominación,
publicada, acotada y recortada por los guardianes del verbo,
que usan maliciosamente sus poderes para censurar todo conocimiento
que no esté encasillado entre sus vanas y absurdas dictaduras,
que solo quieren rebajar las estimas de los que se consideran ignorantes
por no entender lo inentendible.
Digna cultura con minúscula que yo enaltezco y señalo
en las cotidianidades de la vida popular:
de las madres que cuidan, administran y elaboran quehaceres de magistral sabiduría; así como la infravalorada cultura de los agricultores que con tan primorosos detalles, cuidan de sus sensibles cultivos, imprescindibles para el sustento humano; como inolvidables son también los trabajadores de toda clase de labores, con sus especializados oficios cuya habilidosa técnica
nunca viene refleja en los libros.
Subrayo y realzo el sentimiento de la sabiduría popular expuesta en la sinceridad y cercanía entre vecinos y familias que se sienten obligados por su auténtica moral, a ayudarse en los momentos difíciles, contrariamente al despego existente detrás de los bastidores de la sofisticada elocuencia.
Cultura con minúscula, a la que admiro  y de la que quiero aprender, de corazón, no asequible en este mundo ruidoso, para ser oída por oídos distantes y atrofiados por la distracción constante, sino íntimamente sentida en los pálpitos que siempre se captaran a través del abrazo.