¿Quién soy? Siempre me pregunte,
desconfiado de identificarme:
con un lugar de nacimiento que siempre extrañe ; con una fecha del tiempo, relativo, al que nunca sentí que pertenecía; o una religión o ideología, si a ninguna pertenezco.
Y buscando identidad, no tuve por menos que encontrarte a ti, en quien sin duda me encontré.
Porque yo no era nadie hasta que tú me diste nombre.
Me llamaste Manolo y niño, y yo me reconocí en tus llamadas.
Me dijiste que no era tan bueno ni tan malo, y empecé a creerme, no tan bueno ni tan malo, pero si más auténtico.
"Anímate a nacer" me dijiste desde tu angelical existencia, que yo iré en tu ayuda. No dejes de buscarme, me reconocerás por mi sonrisa.
Y después no tuve duda, pronto supe que eras tú. La que me dijiste: sígueme y no te quedes parado. Que no te rinda el camino que hay que sentirlo y vivirlo.
Dame la mano y no te quedes atrás que la vida es movimiento hacia el maravilloso baile que vibra con alas de plenitud.
"Anda" que estamos de paso,
hacia un destino que siempre será camino, con paisajes infinitos por mirar.
Y yo, sin pensarlo, te sigo, detrás de la voz que me da nombre, detrás del corazón que marca mis pasos y de la ilusión que tiene sentido para mí.
Eres mi guía, mi felicidad y mi climatología.
Pues soy feliz con la felicidad que tú eres feliz.
Me iluminan tus amaneceres soleados y me riegan tus refrescantes sonrisas de primavera.
Aunque también, a veces, recibo tus pedriscos y tormentas, siempre pasajeras.
Es mi identidad tan dependiente de la tuya, que en tu autoestima me valoro y en tus complejos me deprimo, en tu luz me defino y en tus nieblas me difumino.
Soy la cruz de tu cara, el reverso de tu realidad, la sombra que siempre seguirá tu presencia, arrastrándome bajo tus pies como una alfombra que sigue tus pasos, por ser devoto origen de tu denominación.
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