LO HE LEIDO, LO HE SOÑADO, LO HE VIVIDO..., YA NO LO RECUERDO, QUE MÁS DA.

jueves, 5 de mayo de 2016

He encontrado, buscando, que no hay nada que encontrar.




He encontrado, buscando, que no hay nada que encontrar, si no se lleva puesto.
Que no hay lugar de paz que no pueda ser alterado, aunque sea tan solo por el leve zumbido de una mosca.
Que no hay amor recibido que no pueda ser malentendido.
Que no hay abierta libertad que no pueda ser prisionera de un sinsentido.
Porque quien en su interior lleva paz, puede encontrarla hasta entre estrepitosos ruidos de mercado.
Quien contiene amor, lo encontrará en toda existencia, sin excepción ni condición.
Quien siente verdadera libertad, la tendrá hasta en la más oscura mazmorra.
Todo lo que se encuentra es porque se lleva dentro.
Por eso lo mejor es buscar en nuestro interior, abriendo la piel de nuestro ego, para darle libertad al humor de nuestra esencia; al alma que nos hace ser todo, que nos identifica con todo y siente la paz en el encuentro. La paz de sentirnos vida, libres de nuestro propio encierro. Libres de nuestra desconfianza y nuestro miedo, a perder lo que no es nuestro sino de todos. En paz y libres para abrazar todo lo existente, con ese sentimiento sublime y matriarcal de la existencia que es el amor. Base de todas las demás virtudes. Dimensión desde la que solo podemos ver, si miramos con alta mirada, abierta a ver, que todo es amor, en un fondo tan hacia fuera, que solo es separado de esta oscura visión humana, por un leve cascarón, correoso de romper. Para saber que todas nuestras sombras solo están en nuestra forma de mirar; en nuestros ojos de fuera y no en los de adentro. Capaces de ver que todo es paz, que todo es libertad y por lo tanto, amor; gloria divina. La cual se nos manifiesta, a veces, a través de un rayo de luz, o mejor; un claro de luna, que como infancia caprichosa, se duerme cuando despertamos a un nuevo día, con sus nublos y su mal tiempo, otra vez opaco y turbio, en el cual nuestros ojos se abren, los de fuera: esos lagañosos que no saben mirar más allá de nuestros desconfiados miedos.

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