LO HE LEIDO, LO HE SOÑADO, LO HE VIVIDO..., YA NO LO RECUERDO, QUE MÁS DA.

sábado, 15 de febrero de 2020

Los inviernos de Amanda



                            LOS INVIERNOS DE AMANDA

--“Parece que va a llover, y yo aquí esperando que venga, con sus flores y sus alas, con su verde esperanza; la primavera pérdida de mi vida; la alegría que no asoma a esta negra tristeza que no me escampa”--.

Así pensaba la desencantada y soñadora, Amanda, mientras le daba vueltas a su desafortunada suerte con los hombres. Pues después de haber sufrido en su juventud un doloroso fracaso amoroso, fue a caer nuevamente en el error del que sospechaba que era de la misma canalla calaña. Ya que últimamente se sentía totalmente despreciada por él.

Por eso pasaba su solitario tiempo conversando en silencio con la escondida habitante de su desdoblada mente, intentando encontrar una salida a su desapacible vida.
De esa manera se debatían los convulsos pensamientos de Amanda, cuando mirando al suelo, "se preguntó: --¿qué hacía aquella llave debajo de la mesa?
A lo mejor--, se dijo: --que era la llave de la empresa donde trabaja su marido Alfonso, porque descuidadamente se la trajera y sin darse cuenta se le había caído. Aunque también podría ser la llave del apartamento de la playa, donde mañana sábado querría que pasáramos el fin de semana.
Aunque con toda seguridad vio que era la llave de una habitación de Hotel, por lo que no dudó que tenía una querida, ya ves, a sus sesenta años."

--No sé qué le pasa a los hombres que parecen todos iguales en las relaciones amorosas. Ya que siempre que empiezan, se muestran entusiasmados y dedicados a revestirse de una atractiva apariencia, con la que poder conquistar la atención de una nueva y valiosa presa de machista colección, donde es exhibida y absorbida por su egoísta aguijón, hasta que su usado trofeo es despreciando como una desechada pesca con muerte--.

Amanda no estaba dormida porque no podía conciliar el sueño, cuando "el teléfono sonó a las tres de la mañana, más después de un largo rato sonando, a ella no le quedó más remedio que cogerlo, pasando después a una angustiosa comunicación con su marido, el cual solicitaba su ayuda por estar detenido en una comisaría, acusado de malos tratos a una mujer a la que no había pagado por sus servicios. --Ya ves que tontería-- dijo él."

Aquello colmó su casi desbordada decisión que poco después puso en marcha, eligiendo una nueva forma de vida, liberada de toda atadura sentimental. Para eso se puso decididamente a hacer una revuelta maleta con las despreciables prendas de su odioso, hasta ahora compañero; que sería despedido lo más lejos posible de su deseada independencia vital.

Poco tiempo después, la evolucionada Amanda había desarrollado una hermosa autoestima, capaz de cambiarle sus antiguas negras visiones por iluminadas formas de sentirse orgullosa de sí misma. Creciendo en ella una nueva conciencia capaz de negarse, con rotundidad, a que cualquier machista invierno, tuviera la pretensión de aprovecharse de sus primaverales flores.

-------------------------------------------------------------------------------------------------

FÁBULA
EL GALLO Y EL CERDO

Bebiendo en abrevadero
un gallo y un cerdo estaban,
más el cerdo, entre gruñendo,
al gallo le preguntaba:
¿por qué cada vez que bebes,
levantas tú la mirada?
A lo que el gallo, muy presto,
al cerdo le contestaba.
Yo siempre que miro al cielo,
le agradezco el sol y el agua;
esos tesoros de vida
que las alturas regalan;
por eso siempre contento
yo le canto a la mañana.
Qué tontería, dijo el cerdo,
con su cervical soldada.
Yo solo quiero mi pienso:
maíz, bellotas, cebada,
y revolcarme en el cieno,
todo lo demás es nada,
pues solo creo en lo que tengo
a la altura de mi cara.


Moralejas:

No pretendas que los cerdos
tengan un alto mirar,
porque solo tienen ojos
para comer y engordar.

Hay cerdos consumidores,
exploradores de vida,
que nada ven por encima
de su egoísta barriga.

-------------------------------------------------------------------------                              







 PLAGAS


Anoche, despierto, tuve pesadillas, en las que yo vi,
monstruosas maldades, mucho más reales que la realidad.
Sentí que este mundo, estaba invadido por múltiples plagas de seres inmundos,
que irían destruyendo con feroz violencia, a toda existencia de vital esencia,
siempre conectada con la humanidad.
Había una hormiga de gran dimensión, muy rara en sus formas, le llamé "hormigón".
Un monstruo dentado, como excavadora que tenía por culo, una hormigonera.
Un ser de metal que se alimentaba con gula infernal, de toda belleza de lo natural;
y que en su lugar iba defecando, con su hormigonera, edificios altos.
También vi a otros seres, pequeños y grasos, que yo les llamé por sus redondeces, "los oleonocacos";
todos habitantes de un líquido oscuro con olor a asfalto, en el que nadaban,
rabiosos y rancios.
Menudas bombitas con bocas abiertas que buscaban aíre para reventar,
pues solo explotando, liberaban fuerzas para despegar de la podredumbre
de su estanqueidad.
Después éstos seres, cambiaban a alados, consumiendo oxigeno por diversos lados, con sus excrementos, creando aires rancios.
Por último vi, una enredadera que le llamé “Redi”. Una gigantesca planta artificial, que iba extendiendo su zarpa mortal, con secretas armas de vil seductora. Y que sin demora, engullía las almas de un pueblo ignorante, dejando a su paso un mundo de necios; sonrientes zombis vacíos de sueños.
Todas estas plagas, anoche, despierto, yo las pude ver.
En mi pesadilla de ojos abiertos vi un mundo infestado de monstruos malvados, creados por hombres; en la que sentí en mi real ficción,
que serían culpables de una muy segura, autodestrucción.

----------------------------------------------------------------------------------------------
SINESTESIAS


Al son de caricias
me voy despertando,
esperando flores
en días nublados.
 

Yo enciendo llamitas
que me duran besos
para ver azules
entre grises viejos.
 

Más cuando yo salgo
al duro exterior
percibo sabores
de tétrico olor.
 

Por eso me alejo
hacia la montaña,
donde siento olores
de mi tierna infancia.
 

Pues los verdes aires
traen a mi memoria
sabrosos recuerdos
que saben a gloria.
 

Aunque cuando bajo
a la fría urbe
respiro una rabia
que me duele y hunde.
 

Menos mal que tengo
una curandera
que al son de sus besos
se endulzan mis penas.

--------------------------------------------------------------------

Cuidado con odiarte
raíces de nacimiento,
que acabarás odiándote
todo tu crecimiento.

-----------------------------------------------------------------

martes, 7 de enero de 2020

Prohibido no tener flores





En una elevada aldea donde todos sus vecinos se conocían, su hermosa y sabia alcaldesa, concertó una extraordinaria reunión, donde todas las mujeres deberían asistir.

Llegados el día y la hora señalados, en el pequeño salón de plenos del ayuntamiento, se encontraban todas aquellas mujeres requeridas, presididas por la elegante alcaldesa que no dejaba de saludar con íntimo afecto a cada una de las asistentes.
Pronto se hizo un silencio tras una sutil señal hecha por ella y comenzó su serena y decidida exposición.

--¡Queridas vecinas! Os he convocado a vosotras y no a vuestros compañeros, porque como sabéis, todas vuestras casas tienen su huerto y sois las mujeres las que os encargáis de su cuidado. Y es por eso que quiero llamaros la atención sobre una de las principales leyes que rigen nuestra distinguida comunidad que es, como todas sabéis: la obligación de que "todos los jardines siempre tengan flores". Cuestión que voy observando que últimamente está perdiendo entusiasmo. Y os recuerdo que el cumplimiento de esta ley no se puede tomar a la ligera, ya que de todas es sabido el poder que tienen las positivas flores contra las negativas energías del mal. Las que podrían traernos: insoportables tristezas, desesperanzas de vida, desprecios existenciales, enfermedades, enemistades y hasta guerras.
Por eso no podemos olvidarnos de cuidar, con cariñoso esmero, nuestros floridos huertos. Y para que así se cumpla, en adelante se vigilará con esmerada observación cada uno de ellos--.

Muchas de las presentes, alzando sus voces, comentaron alegremente que sus jardines estaban repletos de flores. Algunas otras añadieron que sus maridos les ayudaban a cuidarlos. Aunque también había otras que no decían nada, porque se sentían aludidas por aquella llamada de atención.

Entre estas últimas, una elegante mujer de irreconocible edad, también se mantenía callada, porque sentía que su jardín se había quedado casi muerto.
La verdad es que reconocía que llevaba mucho tiempo sin cuidarlo, pues seguro que alguna alteración, genético-traumática, había debilitado progresivamente sus ganas de valorarlo. Motivo por el cual siempre sintió las cercanas amenazas de esos sombríos fantasmas que aprovechaban la escasez de flores en su olvidado huerto.

También era consciente de que por miedo a aquellas negras presencias que sobre ella siempre merodeaban, muchas veces intentó disimular la sequedad de su jardín, superponiéndole flores cortadas, en jardines ajenos.

Así vivió sin vivir, muchos años, hasta que aquella insoportable noche, el torrente de lágrimas que acariciaban sus mejillas, ablandaron su acorazada negación a recibir ayuda.
Todavía no había amanecido cuando aquella dolida mujer, huyendo de sí misma salió hacia la escasa luz que poco a poco intentaba abrirse paso, entre las tinieblas de una noche que se resistía a marcharse.

--¡Buenos días!--dijo una familiar voz, al otro lado de la valla de su baldía propiedad.
--¡Buenos días!--respondió ella, entre contrariada y agradecida a la vez. Porque la recién llegada, era una esbelta mujer llena de vida, que lucía un largo vestido color nácar, y que toda en su conjunto irradiaba una agradable luz que pareciera ser la promotora de aquél novedoso amanecer.
--¿Quién eres?-- preguntó, entre asustada y sorprendida por el resplandor de aquella visitante que casi cegaba sus ojos.
--¡Soy yo! ¿No me conoces? Soy tu alcaldesa; la que siempre ha estado cerca de ti, esperando ayudarte.
Ya sé que tú no eres la única culpable del progresivo deterioro de tu delicado jardín, aunque solo tú, eres la dueña de decidir sobre las flores que puedas tener y regalar a través de tu sonrisa.
Además de que debes saber que cada tristeza es una negativa energía que a todos resta, mientras que toda positiva alegría, es la imprescindible componente de una reacción en cadena, capaz de llevar la felicidad a todo un mundo.
También sobre todo quiero que sepas, que verdaderamente este planeta es, una nave espacial que constantemente viaja a través del universo. Y que en nuestra elevada ciudad, se encuentran las dignas viajeras, predispuestas por su nivel, a ser acogidas por otros destinos siderales, acordes con vuestras evolucionadas ondas. También debes saber que yo, realmente soy, vuestra guía de viaje. Por eso mi empeño en que vuestras vibraciones existenciales estén en perfecta armonía con la del destino que tenéis asignado--.

--Perdona señora Alcaldesa, pero es que yo me encuentro sin ganas para hacer algo que mejore mi vida en esta pasajera estancia--.

--Pues tengo que comunicarte que no debemos despreciar ningún nivel, porque la existencia universal quedaría amputada para nosotros, en uno de sus imprescindibles escalones. Así que ¡animo! Que yo sé que tú perdiste unas ganas, que yo ahora con mis palabras te las traigo.
Ya sé que un jardín abandonado no es fácil de restaurar, aunque si se quiere, todo es posible. Sabiendo además que tú, antiguamente fuiste una buena cuidadora de plantas.
Tan solo tendrías que cavar profundamente tu tierra, para borrar de ella cualquier cicatriz endurecida por el tiempo, además de voltearla para extraer de abajo, la tierra nueva; la que tendrás que desmoronar, a ser posible con tus propias manos, acariciándola y suavizándola como si se tratara de tu propia piel.
No quemes los restos secos de su pasado; tan solo, molidos finamente, úsalos como abono para tu próxima cosecha. La que será posible, sembrando la semilla que yo tengo guardada para ti--.

Una vez terminados los sabios consejos de la luminosa guía, unos esperanzados rasgos infantiles asomaron en la cara de la madura mujer.
Pocos días después, toda su amorosa labor dedicada a su íntimo huerto se encontraba terminada. Tan solo pendiente de que la lluvia, el sol y los cotidianos cuidados, dieran lugar al milagro de toda vida.

Muy pronto llegó una primavera que tenía prisa por llegar, para que aquel hermoso jardín pudiera lucir todo su florido esplendor. Entre el que paseaba la belleza de una feliz mujer que ahora sí estaba preparada para que cualquier estancia superior tuviera deseos de recibirla.


--------------------------------------------------------------------------------------

                             UNIVERSOS  PARALELOS


Un día más, el humilde empleado, Blas, acababa su cotidiana jornada en la pequeña empresa ferroviaria, "Castulo Technology" de la ciudad de Linares.

De camino a su cercana vivienda, ya llevaba tiempo de sentir un creciente cansancio, más mental que corporal; que últimamente apenas soportaba, por lo que nada más llegar a su domicilio, después de un indiferente saludo a su atareada esposa, “un poco desaliñada por su poco valorado aspecto”; y alguna regañina a sus siempre asustados hijos, consumía con desgana su preparada cena, pasando inmediatamente después a infiltrarse en la piltra, "como decía él".

Aquella noche le costaba coger el sueño, aunque dormía solo; bueno, solo su gato se atrevía a compartir su cama con él.
En su tormentoso desvelo, no dejaba de cuestionar su desgraciada vida, tan monótona y triste; siempre trabajando para no poder disfrutar de ningún lujo ni diversión, por falta de tiempo y dinero. Aquello se decía, "no era vida".

Sin saber cómo ni cuándo, aquella noche, de pronto se encontró viajando en un subterráneo tren, desde el que al parar en una lujosa estación, decidió bajarse. Más
al pasar por unas limpias cristaleras, vio que su reflejada imagen había cambiado, pues su elegante traje y su altivo porte, le hacían pensar que era una persona distinta.

--¡Buenos días, Don Blas!--exclamo la respetuosa voz de un uniformado personaje, al que pronto reconoció como su atento conductor personal.También recordó milagrosamente que él, allí era un adinerado banquero. Dueño de un extenso capital que consiguió a fuerza de explotaciones y especulaciones de todo tipo de recursos, incluidos los humanos, para los que no tuvo miramientos en desahuciarlos y dejarlos en la miseria, con sus usureras inversiones neocapitalistas, liberadas de todo compromiso humano.
Mientras que gestionaba sus múltiples negocios y lidiaba con sus obedientes subordinados, se sentía satisfecho y poderoso; aunque después, podía ver como los ojos de muchas gentes, disparaban sus irritadas retinas sobre él, deseándole claramente sus peores deseos.
A llegar a la lujosa aunque solitaria habitación de su hotel, buscó en su imagen reflejada en los espejos, el motivo de aquellos odios, y sin poder remediarlo, sintió que él, también se odiaba. Pues había vendido el cariño que podía haber recibido a cambio de dinero; y se dijo “que aquello no era vida”.
Menos mal que el estridente sonido de un viejo despertador, lo sacó de aquella odiosa vivencia.

--¡Vamos niño, que se te hace tarde!-- dijo su sumisa mujer, temerosa de ser severamente agredida con las groseras palabras de su áspero marido.
--¡Ya voy, ya voy!—respondió el confuso Blas, todavía desintonizado.

Aquel día se le pasó rápido, seguramente distorsionado por un tiempo siempre dependiente de cualquier inclemencia sentimental. Pues no dejó de darle vueltas a lo que hubiera sido de su persona, de haber elegido un camino diferente al que de forma casi involuntaria había escogido.

Por eso la ansiada y temida noche llegó pronto. Entrando en el profundo trance de encontrarse viajando en el mismo tren. Aunque ahora dejó pasar la lujosa estación para después bajarse en otra siguiente, en la que esperaban varios medios de prensa y televisión; sintiendo una gran sorpresa al ser abordado masivamente por aquella turba de cámaras y de fans, los cuales elogiaban con estrepitoso griterío su novedosa llegada.
--¡Bienvenido Sr. Blas!!!--...--¡Guapo!!!!--,
sonaban las aclamadoras voces, repletas de admiración.
Su agradecida duda pronto pasó a saber que allí, él era un famoso actor, especializado en películas de aventuras, en las que habitualmente era el gran héroe que al final siempre acababa ganando.
De pronto sintió que esta forma de vida le gustaba, pues mucha gente al parecer lo quería y lo admiraba. Claro que todo aquello tenía un precio, pues diariamente debía de machacarse en el gimnasio para mantener en forma su musculado cuerpo, además de su cuidada alimentación, y sobretodo el márquetin de su exposición pública, que siempre tenía que estar estrictamente confeccionada.
Así que  a poco de estar a solas comprendió que con tanta actuación, apenas sabía quién era. Y que toda aquella existencia tan solo era una representada mentira, por lo que pensó que aquello, tampoco era vida.

Pasó otro día y llegó la noche, y nuevamente se sintió viajero de su soterrado tren. Pasaron las paradas anteriormente conocidas y ahora despreciadas, para decidir bajarse en una nueva, en la que también había un grupo de manifestantes que portaban pancartas con resaltados mensajes de “justicia y libertad”.
Poco después de su corto estado de duda, reconoció claramente cuál era su sintonizada identidad. Y adoptando una altiva postura, asumió que allí era un distinguido político, capaz de liderar una importante ideología nacional.
En sus destacados mítines, siempre prometía su comprometida lucha a favor de los menos favorecidos; sintiéndose animado y respaldado por el afecto de todos sus seguidores.
Aunque pronto fue visitado por unos enviados del poder mundial que con pocas palabras lo convencieron, de que si seguía con sus anómalas pretensiones, lo único que conseguiría sería su personal fracaso.
A partir de esa desagradable imposición, no tuvo más remedio que para no perder su estatus social; tan solo prometía lo que nunca ponía empeño en conseguir. Hasta que hastiado de su falsedad, decidió sentir que aquello, no era vida.

Así le siguieron noches de viajes, en las se encontró con distintas opciones de su existencia, tales como: dirigente de una gran secta religiosa o el de un poderoso mafioso. En los que siempre acababa vendiendo su felicidad a cambio de poder, triunfo o dinero.
Por eso, aquella noche, se resistía a cerrar los ojos, porque despreciaba todas sus posibles vidas. Tan solo la muerte era su deseada terminal.
Aunque no pudo remediarlo, pues otra vez se encontró viajando sobre aquel odioso tren.
Pasaron todas aquellas estaciones conocidas que para él, ahora eran simplemente nulas, pues tan solo esperaba una postrera salida que acabara con su insoportable existencia.
Aunque inesperadamente, un estridente rechinar de vías, seguido de una brusca parada, lo hizo sospechar que su destartalado tren había quedado descarrilado en el interior de aquél oscuro túnel, lejos de cualquier estación cercana.
Poco después, Intentado obtener información, descubrió que aquél tren, tan solo disponía de un vagón y una vieja máquina, absolutamente vacíos, en los que al parecer, él era, pasajero y maquinista a la vez.

Poco después, no pudiendo soportar aquella irrespirable situación, decidió buscar salida, fuera de su agotada búsqueda de bajo nivel.
--¡Menos mal!--se dijo, por poder disponer de un viejo carburo, encontrado en el desordenado interior de su humeante tren.
Pues ayudado por la temblorosa llama de su anticuado artilugio, avanzó por aquel túnel, húmedo y frío, con un desesperado sentimiento de desnuda soledad. Inesperadamente poco después, una medio derruida bocana, levantó la borrosa curiosidad de sus lagrimosos ojos. Y aunque aquella dudosa salida no le merecía ninguna confianza. Comenzó a caminar con desconfiado sigilo a través de aquel improvisado túnel que cada vez se parecía más a la galería de una mina.
Poco a poco iba avanzando por aquella alargada cueva, mientras que a sus atormentados pensamientos, llegaban recuerdos de un doloroso pasado. Ya que su padre fue un minero que murió en la mina cuando él, todavía era joven. También pensaba en su mujer y en sus hijos que seguro lamentarían su irremediable desaparición, aunque solo fuera por el necesario salario que de él recibían.

Sobre aquel irregular suelo, tropezaba con derrumbadas piedras y se hundía en embarrados charcos, hasta el punto de que no sabía si le dolía más, sus maltratados pies o la creciente presión que atormentaba su pecho.
Pues andaba sufriendo su interior, una hiriente compresión entre dos fuerzas de contrario sentido. Una que lo entristecía al sentirse culpable del egoísmo con el que trataba a su dócil mujer y a sus atemorizados hijos; lamentando su indeseable existencia, desprovista de la felicidad de amar y ser amado. Al igual que otra fuerza de parecida intensidad que lo animaba a salir hacia una nueva oportunidad de remediar su torpe pasado.

Así dudando entre rendirse a morir, o luchar por salir de aquella contradictoria situación; a punto estuvo de caer en lo que pronto reconoció como un pozo de mina, en el que se distinguían las deterioradas guías de un ausente ascensor, además de unas oxidadas escaleras que no merecían ninguna confianza.

De todas formas se dijo,--que moriría intentándolo--.
Así subió dolorosamente a través de aquellos deformados peldaños metálicos, carcomidos y resbaladizos. Aunque de pronto le pareció sentir como si una calidad fuerza, desde abajo lo ayudara a subir. Descubriendo en su ascensión, una profunda transformación en la que percibía que al igual que salía de aquél pozo, también sentía que salía de sí mismo. Como si escapara de la oscura cueva de su pasada existencia, regida por un egoísmo y una manipulada forma de ver la vida, desde la que solo percibía una reducida realidad, totalmente diferente a la que ahora iba descubriendo conforme salía a una novedosa luz exterior.

Al salir de aquél mágico pozo, se culminó su amplificada forma de ver, reconociendo que aquél era el "Pozo de San Vicente", donde su padre perdió la vida junto a otros cinco mineros, al caerse el ascensor, en su última subida, a la fatídica profundidad de sus mil metros; donde sus cuerpos se quedaron, imposibles de ser rescatados.
Aquél penoso recuerdo, ahora en cambio él lo percibió, de una forma diferente y positiva, sintiendo que su padre seguía existiendo en forma de energía de libre trasformación, y que sobretodo ocupaba los cuerpos de todas las personas que lo recordaban con cariño.
También reconoció que disponía de una nueva mentalidad receptora, capaz de captar lo que él reconoció como, "Las Ondas de Dios", a través de las cuales, toda observada existencia, ascendía hasta una sublime categoría, de dignidad, belleza, grandeza y divinidad.
Y que dicha capacidad de captación se podía reconocer, en todas esas personas que sin poder remediarlo, sacrifican felizmente sus vidas en favor de la humanidad.

Una vez fuera de aquella abandonada mina, como si fuera flotando, recorrió la corta distancia que la separaba de su nativa población, llegando a aquella conocida encrucijada, llamada: “Las ocho puertas”, donde se encontraba su ahora deseado hogar.

En un cerrar y abrir de ojos, amaneció un nuevo día, abierto a una nueva luminosidad que le hizo comprender que aquella experiencia suya, no había sido un sueño, sino un viaje por distintos universos de existencia, donde había encontrado una sublime dimensión que estaba por encima de todas.
Por eso, deseoso de gozar su nueva forma de ver, empezó acariciando a su ronroneante gato, que al parecer, durante aquel extraño viaje había  permaneció junto a él; y que ahora saltó con insistentes maullidos, como si fueran anunciadoras llamadas de atención.

--No te levantes tan pronto que hoy es domingo--, le recomendó suavemente, la que él veía ahora como una bella mujer.
--¡No te preocupes! Quiero mirarte y abrazarte para sentir el calor de tu ternura; y no perder ni un momento para recompensarte con todo el amor que antes no te he dado--.

Mientras tanto, dos caritas miraban, extrañadas, sin pasar del quicio de la puerta.
--¡Pasad hijos míos! Que también quiero abrazaros y sentir vuestras dulces inocencias, tan gustosas como los mejores almibares de mi vida--.
--¿Qué te pasa, papá?--respondieron los dos al unísono, entre asustados y felices.
--¡Qué raro te veo, diciéndonos esas cosas tan bonitas!-- prosiguió ella, creyendo que todavía no había despertado lo suficiente.

--No temáis que no me he vuelto loco, sino que he descubierto un nuevo mundo en este mundo, en el que vosotros para mí, sois mi mayor tesoro.
Así que vestiros y vayámonos fuera, a divertirnos con esa amplia y hermosa vida que solo puede ser vista, por unos ojos capaces de mirar con amor y felicidad--.


------------------------------------------------------------------------------------------------


sábado, 21 de diciembre de 2019

Memorias de piel


---------------------------------------------------------------------------
   
Memorias de piel

Tengo en mi piel, memoria de aquél sol,
de cuando aquellas calientes cercanías,
aceleraban un ya, febril ardor,
en encendidas hogueras obsesivas.

Y de aquella primavera, siempre en flor,
desojada sobre arenas escondidas,
cuando abierta, rezumaba aquel fulgor
que embriagaba mis hormonas sensitivas.

Era de nácar, el candor de su color
como una diosa, sobre la playa esculpida,
era una concha, regazo de mi amor,
donde bebí, elixires de ambrosia.

Busqué veneros, para entrar en su interior,
porque quería fundirme con su vida,
en un crescendo baile, invocador,
de una fusión de cuerpos, explosiva.

Era un volcán, que trepidaba sin control,
con erupciones de magma, incontenida
que evaporaba, de un mar observador,
algunas olas que llegaban atrevidas.

Son mis recuerdos de un ya, lejano sol,
que calentaba, aquellas playas tan furtivas
aunque quedaron los arrullos del amor,
y algunas brasas de pasiones encendidas.


-----------------------------------------------------------------------
                                     
                          UN CUENTO DE NAVIDAD

                                      

La amplificada voz del anciano sacerdote, amenazaba con rotunda afirmación en su navideña homilía.

--¡Amadísimos hermanos! Tengo que recriminaros por la falta de fe que veo en vuestra profanadora forma de celebrar la Santísima Navidad, confundiéndola con una lúdica fiesta, llena de folclórico paganismo. Por lo que os advierto que todo el que no cumpla los dogmas instituidos por la Santa Madre Iglesia, será aniquilado por la severa ira divina, en la muy próxima, segunda venida de Cristo, llamada: "Parusía"; (San Pablo 1tes 4,13-18); dónde habrá un penoso rechinar de dientes--.

Mientras que aquella severa voz pronosticaba su autoritaria reprimenda, los pequeños ojos de Gabriel, parpadeaban asustados ante el amenazante futuro.   Aunque Gabriel no estaba solo, porque su atenta madre, apretaba con tierna firmeza la temblorosa mano del asustado niño.
Menos mal que después de algunos rutinarios rituales, una liberadora bendición les dio licencia para abandonar, entre empujones, la atiborrada iglesia.
Ya en la calle, el pequeño Gabriel aferrado a la mano de su madre, miraba casi sin ver, las frías calles, iluminadas por unas pequeñas luces que parpadeaban con la misma incertidumbre que pestañeaban sus confusos ojos. Todo lo veía pálido y descolorido. La gente deambulaba como sonámbula y pérdida, buscando una alegría que no pasaba de ser un forzado teatro de farsas muecas de felicitación.

--¿Por qué estás tan nervioso?--pregunto su madre.--¿Acaso estás preocupado por lo que ha dicho el cura? No te preocupes ángel mío, que seguramente por ser tan mayor, no tiene humor para ver la vida en positivo; después, ya te contaré otro evangelio que quizás te guste más--.

Al llegar a su humilde casa; una vez acomodados bajo las cálidas enaguas de una mesa camilla, la cariñosa madre sacó un pequeño y rozado libro del Nuevo testamento, en el que rápidamente encontró lo que buscaba: (Juan-3, Jesús y Nicodermus)
--¡Mira, Gabriel! aquí dice que un hombre de reconocida sabiduría llamado Nicodemus, quiso hablar con Cristo en secreto, para preguntarle por la verdad y el reino de Dios; y que Cristo le dijo que tenía que volver a nacer, y parirse a sí mismo, porque sólo de esa forma podría encontrar lo que buscaba. Así que, olvídate de todo y búscate dentro, una verdad que nazca en ti--.

En pocos años, el pequeño Gabriel fue creciendo en estatura, aunque sobre todo en capacidad de abrir sus espabilados sentidos, hasta que la divina semilla de la verdad, fue germinando en su interior; dejándolo embarazado de un deseo incontenible de encontrar toda la verdad que se deseaba.
Así fue engordando en su interior una expansiva conciencia, que obligó al exaltado Gabriel, a buscarse en intimidades de silencio y soledad.

Tan solo un pequeño hatillo era su equipaje.

--¿A dónde vas?—le preguntó su madre, desesperada.--¿Acaso te has enterado de que yo te encontré abandonado, y quieres encontrar a tus verdaderos padres?
--No te preocupes querida madre, porque tú me has engendrado toda la espiritualidad que me siento; aunque mi verdadera madre yo sé que es, la Vida, a la que le debo toda mi existencia y dedicación--.

Después de una cálida y húmeda despedida, el joven Gabriel, partió primeramente eligiendo rutas de montaña, familiarizándose con toda la fauna y la vegetación que encontraba a su paso. Su principal alimento era el procedente del sol, además de  pequeños frutos silvestres. De todas formas no necesitaba demasiado, ya que su liviano cuerpo se fue acostumbrando a una austeridad casi milagrosa.
En sus silenciosas caminatas y profundas meditaciones, fue percibiendo mensajes de toda naturaleza, destacando con mayor fuerza los sentidos en su interior, desde el que, una incontenible necesidad de emanación de su rebosante contenido, lo obligó a frecuentar lugares habitados.

En adelante, el asceta Gabriel, se dedicó preferentemente a divulgar el mensaje de luz, que se percibía. Siempre que tenía ocasión, hablaba y hablaba, de un nuevo mundo habitado por una nueva humanidad, que pronto estaba por llegar. Un novedoso cambio de valores que darían lugar a la venida de una sagrada verdad que a todos contaminaría.
Había algunos que entendían algo de lo que decía; aunque la mayoría, influenciados por su desarrapada presencia y el poco marketing que le daba a su mensaje; se reían de él, y de todo lo que decía. No obstante, su persistencia insistía en divulgar su buena nueva. Aunque su endeble cuerpo apenas le acompañaba en su divina labor, pues solo se alimentaba y se vestía con lo que alguna mano caritativa le ofrecía,

Aquel día, su rozado abrigo, no era suficiente para remediar el frio que su casi etéreo cuerpo sentía. Él pensó que su frio era de alma y de impotencia,--aunque no podía rendirse--se dijo, y andando sin rumbo, buscando el ánimo que necesitaba; al pasar a la altura de una conocida iglesia, sintió unas nostálgicas ganas de entrar. En su fondo pudo ver un hermoso belén, repleto de luces y figuritas, atractivas para los ojos de cualquier niño. Por lo que su cansancio, de alma y de cuerpo, lo invitó a sentarse en un cercano banco.

En sus lagrimosos ojos, fluía una mezclada imagen de pasado, presente y futuro. Sintiendo que a través de ellos, podía entrar y salir de sí mismo, visualizando recuerdos y adivinando futuros, como si todo en su conjunto careciera de tiempo. Lloraba y reía a la vez, por una existencia semejante a un hermoso rosal repleto de rosas y espinas, hasta que su desbordante emoción le hizo pensar que su alma había roto aguas.

En su sonámbulo estado de estupor, comenzó a hablar en voz alta, predicando sus iluminadas visiones de una nueva venida de Cristo en cada persona, el cual traería verdad, justicia y amor, asegurando que él lo sabía porque era su anunciador.
Mientras tanto, muchas personas se habían acercado; unos atraídos y otros malhumorados por sus palabras, hasta que un asotanado joven, le comunicó a la exaltada concurrencia, que no se preocuparan, que ya había llamado a la policía.
--¡Mirad, ahí están! ¡Gracias a Dios que habéis venido! Os he llamado porque este hombre, está espantando a mis devotos feligreses; seguro que es un loco, un revolucionario, o peor; un anticristo. Y quiero que os lo llevéis.
--¡Perdone Vd. señor cura! Lo de llevárnoslo es cosa nuestra, si no hay denuncia--.
Seguidamente, una autoritaria voz surgió de entre la excitada multitud.
--¡A ver señores guardias! Yo soy el presidente de la asociación de vecinos de este barrio, y tengo claro que tenéis que llevaros a este hombre; primero porque está alterando el orden público y segundo, porque está como un cencerro, ya que insiste en decir que es el Arcángel San Gabriel--.

Aquella Noche Buena, en una sencilla habitación "del hotel de los sueños rotos", el sublime Gabriel, tuvo ocasión de sentir la Navidad de una nueva era para la vida. Pues sintió, que al igual que el “efecto mariposa”, su mensaje había llegado a todas las personas del mundo, y que como epidemia, habían sido contaminados y embarazados de verdad. Y vio como una maravillosa luz apareció a través de una explosión de ojos abiertos. Una luz de verdad, de justicia y amor, que se hizo dueña de una nueva vida en la Tierra; la que después de aquel feliz acontecimiento, pasó a ser: “un luminoso Reino de los Cielos”.

----------------------------------------------------------------------------------------

Es propio de gente facha
de irracionales valores,
el sentimiento de castas
que solo ve posiciones,
admirando clases altas,
y despreciando inferiores.

---------------------------------------------------------------------------------------